El próximo domingo 7 de junio las urnas de la República se abrirán para elegir a nuestros representantes en el Congreso de la Unión. Todos los ciudadanos mayores de 18 años que cuenten con una credencial de votar podrán emitir su voto por el candidato que consideren idóneo para representar sus intereses en la cámara de diputados - al menos el más idóneo según las absurdas leyes electorales que nos dan a elegir entre cuotas con el pretexto de la equidad de género-; plasmar su ideología en forma de apoyo por alguno de las opciones que se presentan en la boleta. El mecanismo parece bastante sencillo: ir a la urna, hacer fila algunos minutos, entregara su credencial, recibir una boleta, marcar el voto por su preferencia y depositar la boleta en la urna, pero esta libertad para tomar una decisión no siempre fue así.

 

La historia del voto en este país está repleta de tragedias, sangre, traiciones y asesinatos. Miles, sino es que millones, murieron, desaparecieron y entregaron su vida por el derecho a nuestra libertad. El voto es un privilegio que no lo conseguimos nosotros, nos fue heredado; por tanto, es nuestro deber cuidar el legado de nuestros antecesores. De otra forma estaremos ignorando sus luchas y el regalo de la libre autodeterminación de un pueblo, en otras palabras… seríamos unos parias malagradecidos. Una parte de nuestra historia moderna -donde una revolución envuelta en el mantra del “sufragio efectivo”, seguida de una lucha de 70 años contra el más cruel y represor de los absolutismos- estaría siendo negada si no reconociéramos nuestro derecho/obligación de ir a las urnas.

 

Parece que nuestra sociedad está molesta con la democracia, quiere darle la espalda; de algún modo torcido confunde las elecciones con el mal actuar de los gobiernos. Estamos atrapados en una paradoja perversa en nuestro esquema mental: las personas no quieren votar porque odian al gobierno y el mal gobierno no cambia porque no hay votación que los remueva. No votar es la opción más absurda que existe para castigar a un gobierno, este tipo de acciones perpetúan el status quo de los políticos. Las elecciones y el derecho al voto no tienen nada que ver con los gobiernos, incluso, algunos de ellos, les temen de sobremanera; no votar garantiza la perpetuidad de los poderes establecidos y beneficia lo que el ciudadanos quiere castigar.

 

¡Votar os hará libres! Por lo menos de las alimañas que son despreciadas; pueden llegar otras, pero la belleza de la democracia es que, como los insecticidas, puede seguir cambiando sus componentes para exterminar futuras alimañas que quieran invadir nuestras comunidades. Razonar el voto es relativamente fácil: identificar el puesto que está en disputa; preguntarse si la persona que ocupa el puesto actualmente, bajo nuestros estándares, está realizando un buen trabajo; si la respuesta es positiva hay que votar por el mismo partido, si la respuesta es negativa simplemente votamos por otra opción como castigo. Así funciona la democracia, como un proceso de selección natural –un esquema parecido a la evolución de las especies- son procesos lentos, pero que en el mediano plazo nos convierte en sociedades libres y participativas. Este domingo hay que ir a votar. Es nuestra oportunidad de premiar o castigar a los políticos, es el día que nuestra voz se escucha y el gobierno tiembla… Kriptonita en forma de boleta para los nefastitos.

 

El MEMENTO DE HOY

Twitter: @juanordorica

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