Un buen día – o malo, según sean los amores del lector - Papá Pitufo Madero decidió ausentarse de la aldea para atender asuntos de suma importancia en la República Pitufa. Confiado en las buenas lecciones que por años había transmitido a sus protegidos, el líder azul dejó a su albedrío a la pitufada. De inmediato, Pitufo Burgos Alquimista decidió tomar el control de la aldea. Era una excelente oportunidad para poner en práctica todos los conjuros y fórmulas que, durante mucho tiempo, ensayó en la oscuridad de su laboratorio. El sueño de publicar un tratado propio de recetas mágicas podía convertirse en una realidad al quedar a su entera disposición el laboratorio de prácticas de Papá Pitufo.

 

En otro lado de la aldea, Pitufo Popo Glotón se sumó a la proclama de Pitufo Burgos Alquimista, bajo la condición de que muchas de las asignaciones de labores de la aldea estuvieran a su cargo. El nuevo líder estuvo de acuerdo, inundando a Glotón de todos los cargos habidos - uno que otro inventado -, la alianza quedó sellada. A esta dupla se vino a sumar el Pitufo Filósofo Villalobos, uno de los aprendices y pupilos más cercanos a Papá Pitufo Madero. El triunvirato azul quedaba en control de la aldea; juntos coordinaban las faenas de los suspiritos azules. Uno a uno se fueron sumando pitufos a la nueva administración, Pitufina del Rincón se integró rápidamente a esta dinámica, dejando en sus manos la preparación e inclusión de más pitufinas en la aldea. Pitufo Zapatero Felton y Pitufo Indeciso Kory a regañadientes, pero se unieron a este grupo que tenía en sus manos los destinos de la aldea.

 

Hubo pitufos que no estuvieron de acuerdo con el triunvirato. Antes que nadie y sobre todos, Pitufo Gruñón Loaiza pintó su raya; entre protesta y protesta, su malestar resultaba evidente, no dejaba pasar una oportunidad para enfurruñarse ante cualquier acción del liderazgo azul. Después vinieron los pitufos Bromista Beltrán, Tobi Carrizoza y Rey Higuera que asumieron posiciones similares. La aldea quedó separada, pitufos iban y venían de un lado y otro; incluso, Pitufo Fortachón Cruz decidió entrar a la disputa por el control de la aldea. Todos los pitufos veían con tristeza lo que antes fue un buen lugar para vivir con fiestas y banquetes, cómo sus felices tradiciones hoy se perdían en el recuerdo de mejores días.

 

Dicen que las adversidades unen, sacan lo mejor - o lo peor- de uno y pega lo que estaba roto. Los pitufos en medio de todas sus diferencias se ven amenazados por los embates de Gargamel y su gato Azrael. Papá Pitufo Madero seguirá atendiendo asuntos de la República Pitufa; defenderse de los ataques de la aldea dependerá de los propios pitufos. Todos deben participar en la defensa. Debe, incluso, Pitufo Dormilón Félix Guerra despertar de su letargo y sumarse a esta lucha por la sobrevivencia; no vaya a ser que, en una de esas, terminen adoptando al gato Azrael disfrazado de Cuentufo como su futuro líder, y en vez de bailar la danza de los 100 pitufos terminen marchando tomados de la manos, cantando -la la la lala la- , felices y contentos al perol de Gargamel.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

COMENTA LA NOTA