Los spots de las campañas políticas se escuchan a toda hora y en todos los medios de comunicación. Ningún candidato (a) muestra algo de innovación o una pizca de creatividad en ellos. Casi todos los mensajes parecen extraídos de mediados de la década de los 80´s; pareciera que nadie les avisó que las generaciones son otras, que la ciudadanía evolucionó y los votantes tienen otra forma de entender los mensajes que se les pretende transmitir.

 

Más preocupante que los publicistas o consultores, sin imaginación y estancados, son los candidatos mismos. La presentación, los discursos, las formas de hacer campaña se caen de podridos, algunos hasta en polvo se convirtieron. Nuestros políticos se sienten muy cómodos con las formas tradicionales de hacer campaña regalando despensas, atacando al gobierno en turno, la mayoría hablando mal de sus adversarios, pero todos usando los mismos estereotipos y moldes de lo que, en sus limitados conceptos, debe ser una elección.

 

Los candidatos que menos idea tienen de los tiempos modernos se presentan a sí mismos como gente de trabajo, comprometidos y echados pa´ delante. La política es una profesión como cualquier otra; lo menos que se puede esperar de un profesional es que ponga todo su empeño y compromiso a la hora de realizar su tarea. No creo que usted contrataría un abogado, que en su publicidad tuviera “ser gente de trabajo” como su principal atributo. Si uno paga por los servicios de alguien, lo menos que se puede esperar es la entrega total en las tareas contratados, las ganas ya van implícitas en el convenio, en política no tiene por qué ser diferente. Los famosos “echados pa´ delante” casi siempre van acompañados de actitudes de padre benevolente y dadivoso, muchas despensas respaldan su generosidad y se quedan cortos ante cualquier profeta bíblico a la hora de prometer el paraíso a sus seguidores.

 

“Ser gente de trabajo” ya no basta para una sociedad moderna. Los discursos de plazuela de pueblo ya son parte del siglo pasado; nuestra democracia demanda mayor claridad de sus representantes. Parece, incluso, que nuestros postulantes no tuvieran definidas las funciones del cargo que pretenden ocupar; deben tener presente que un diputado hace leyes, no las ejecuta o aplica. Si no les gustan las atribuciones del puesto, que dejen a otros que sí les interesa competir por el mismo. Hay que poner en claro algo, es una elección a diputado federal, no es un proceso para elegir Dios creador y omnipotente. Es tiempo de propuestas más elaboradas. Las personas si les dan oportunidad van a comprender cualquier propuesta; cuando dejen de simplificar las campañas a jingles pegajosos y frases huecas gobernar sería menos complicado, y nuestro sistema democrático se fortalecería. Las leyes mágicas generadoras de empleos, riqueza y bienestar, o diputados “todólogos” son la peor forma de engaño para un pueblo.

 

Una campaña electoral debe de ser una fiesta con muchos invitados; nuestra fiesta quedó atrapada en cumbias de los 80´s, con invitados exclusivos. Cada día que pasa más personas abandonan la pachanga, están aburridos de bailar los mismos ritmos y con las mismas personas. Es deber de los organizadores cambiar la música, las luces, los cantantes y los grupos. Si esto sigue en manos de los “echados pa´ delante” pronto la fiesta se va terminar, y los botellazos e injurias de los borrachos tomarán por asalto la pista de baile.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

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