Las campañas políticas están entrando en la recta final. Los equipos de los candidatos se ponen nerviosos; los candidatos paranoicos y los partidos políticos, aburridos. Si hay algo que, medianamente, puede sacar del marasmo la rutina electoral, poner un poco de sal a las contiendas, entregar algo de solaz al respetable, son los debates. Los devotos partidarios de los aspirantes ya tienen muy definido a qué santo rezar, sin embargo, son los debates el último reducto de contraste que el ciudadano sin filias tienen como punto de comparación entre los buenos, los malos y los peores.

 

Desde el primer debate televisado en EEUU entre Jhon F. Kenedy y Richard – tricky Dick- Nixon este ejercicio, antes rutinario, se convirtió en un factor que altera el voto del electorado de una manera importante. La cara sin maquillaje y la barba sin rasurar de Nixon golpearon la imagen de este; al final sucumbió ante la figura cuidada de playboy de Kenedy. Pocos pusieron atención en los argumentos de ambos, la imagen se impuso a los argumentos.

 

El debate es la piedra angular de la democracia, por desgracia, muchos candidatos ven las contiendas electorales como malas copias de campañas militares. Hablan de estrategias, movilización, guerras de propaganda, cuartos de guerra y demás jergas castrenses, que los hacen sentir más como generalotes que como representantes del pueblo. Dan prioridad a la estrategia creyendo que el ciudadano es la munición que les va a permitir abrazar sus conquistas. El ciudadano es el fin último de una campaña política, no es un medio desechable por los aspirantes; es por eso que un debate no debe ser sujeto de estrategia, es la obligación máxima de cualquiera que aspire a ser nuestra voz en el congreso.

 

En Sinaloa, el INE -responsable oficial de organizar los debates- dice que no tiene los recursos para llevar a cabo este ejercicio en los ocho distritos del estado. Un argumento sin sentido, si tomamos en cuenta que el INE es el responsable de difundir al ciudadano las ideas de los candidatos, es tan tonto como decir que el Seguro Social no tiene dinero para comprar medicinas -¡ok!, ya entendí-. De cualquier forma, agrupaciones civiles, cámaras empresariales e instituciones educativas tuvieron la iniciativa de organizar estos intercambios de ideas, pero no todos los candidatos acudieron a estos llamados. Los dolores de muelas, las múltiples ocupaciones en sus agendas, los niveles de aristócrata o el simple miedo impidió a las prima donnas asistir a estos eventos.

 

Un candidato que no debate es un candidato que no confía en sus ideas, ser puntero en las encuestas no debería ser un impedimento para debatir. Si tus ideas y argumentos son sólidos no debe existir temor alguno para confrontar a tus adversarios, al contrario, si tu preparación no es sólida cualquier intercambio de palabras te va a dejar sin aliento. Apostar salir adelante únicamente arropado por tus devotos es un insulto para una sociedad. Un político tiene la obligación de confrontar sus ideas con sus opositores, de otra forma ¿cómo podemos asegurarnos que una vez en el puesto entienda las críticas de su pueblo?

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

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