Entre los recuerdos de lo que fue y las promesas de lo que viene, Carlos espera paciente el regreso del gran chocolatero. En medio de curules llenas de Oompa Loompas de la política, nuestro personaje aspira a ejecutar los secretos ocultos que le fueron conferidos por el maestro del azúcar y del confite.

 

Carlos Castaños es un político formado bajo el manto protector de Heriberto Félix Guerra. Su carrera no se entiende sin la intervención de este personaje. Son muy pocos los que se pueden jactar de ser formación directa de Heriberto; si bien, a lo largo de su paso por el servicio público ha tenido muchos colaboradores, son escasos los que pueden presumir ser defensores legítimos de la escuela heribertiana.

 

Un buen día Beto Wonka, el gran ermitaño de los dulces, enclaustrado en su fábrica, decidió que era tiempo de elegir a un discípulo a quien transmitir sus buenos oficios. - No cualquiera puede recibir esta herencia – pensó el repostero. – Haremos una selección de posibles prospectos – dijo enfático para sí mismo el señor Beto Wonka. Fue así como Carlos fue reclutado para formar parte del selecto grupo de pequeños talentos que estarían bajo la tutela del distraído hacedor de caramelos. Carlos sacó su boleto dorado y cobró su premio… una deliciosa delegación fue puesta en sus manos, la del trabajo para ser preciso.

 

Después de su respectivo tour por la fábrica y ver cómo otros niños sucumbían en las empalagosas trampas del chocolatero, Carlos se mantuvo firme, discreto y solícito a los encargos de su tutor. La disciplina volvió a retribuir en premio: una curul de chocolate se materializó en su camino. Desde ese momento la fábrica fue puesta en sus manos, fue nombrado gerente por ausencia. Beto Wonka decidió tomarse un año sabático o un retiro anticipado. Sólo él lo sabe.

 

Carlos, mientras tanto, pretende introducir nuevas recetas y fórmulas. Los productos necesitan renovarse; aunque siguen siendo aceptables, los dulces de su factoría parece que invitan a la nostalgia y no a un consumo de novedad. Él mismo fue víctima de aplicar las recetas tradicionales, confió demasiado en los Ooompas Loompas de siempre; esa decisión casi lo arrastra a un tercer lugar de las preferencias electorales. Hoy, más maduro y con experiencia, ha iniciado un proceso de transformación de procesos y se espera que en los próximos meses los resultados se vean reflejados en la aceptación del público.

 

Los tiempos tienen fin; el gran chocolatero necesita ayuda para alimentar a los gansos de los huevos de oro, destapar los ductos de chocolate, limpiar las paredes de caramelo y sacar brillo a las envolturas de los malvaviscos. Carlos está preparado, con o sin el regreso de Beto Wonka, se ganó el derecho a reabrir la fábrica, intentar destruir el monopolio de la competencia y abrir su propia empresa. No sería justo que años de aprendizaje fueran anécdotas e historias de un niño que alguna vez conoció al artista, pero que nunca pudo ser el dueño de su propio legado.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

COMENTA LA NOTA