Dando seguimiento a la reforma política del estado de Sinaloa, es turno de analizar una de las propuestas más polémicas incluidas en el dictamen de esta iniciativa. La reelección de diputados y alcaldes causa escozor a los puristas nacionalistas, que ven en esta propuesta un regreso al pasado porfirista autoritario. La revolución mexicana estuvo cimentada en el grito de guerra de Don Francisco Ignacio Madero -“Sufragio efectivo no reelección”- , y perpetuada por el régimen priista con la finalidad de terminar con la era de los caudillos.

 

El sufragio efectivo tardó cerca de 80 años en hacerse realidad, – Quien dude que el voto hoy sí cuenta, que revise la cantidad de dinero que gastan en despensas los hambirados candidatos; si el voto no fuera necesario, ni esta molestia se tomarían – y con una ciudadanía que tiene la capacidad de elegir libremente a su representante, es tiempo de abrir el debate a la reelección, aun cuando su honor esté más mancillado que el de la pobre María Magdalena.

 

La política es una actividad como casi todas las que realiza el ser humano, que debe ser tomada con seriedad y entender que se necesitan profesionales en la materia. Imagine usted amable lector que desea solicitar los servicios de abogados, contadores o médicos, seguramente usted tomará en cuenta muchos factores para contratar a estos profesionales – experiencia, currículo, recomendaciones, profesionalismo, entre otros –, pero una de las razones de más peso para definir a quién contratar radica, sin duda, en el nivel de especialidad que tengan en la problemática que usted necesita resolver; sin embargo, me atrevo a adivinar que si usted no queda contento con el rendimiento de alguno de ellos, no volverá a recurrir a sus servicios nunca más. En política pasa lo mismo, nuestros representantes deben profesionalizarse en las diferentes ramas del servicio público, no es la misma legislar que ser burócrata. Por desgracia la historia nos dice que nuestros políticos han sido todo menos profesionales, parecen amateurs jugando en ligas que no entienden, algunos incluso en deportes diferentes al que están acostumbrados.

 

La reelección es una herramienta poderosa para construir especialistas en el intrincado andamiaje de las instituciones del Estado. Al día de hoy, quien elige la política como carrera profesional está obligado a ser todólogo; al término de su periodo necesita el puesto más cercano en la próxima boleta para seguir avanzando en su carrera. Los legisladores , por ejemplo, una vez que son electos no tienen ningún incentivo para regresar a la base electoral que dicen representar, pues es el partido al que pertenecen los dueños de su destino; con la reelección sentirían la obligación profesional de responder a los ciudadanos, se convertirían en parte de la comunidad y la comunicación con ellos sería constante. La reelección no debe entenderse como perpetuidad en el puesto, al contrario, funciona como revocación de mandato para los malos funcionarios y como un premio para los que han hecho las cosas bien, el famoso chapulineo se reduciría significativamente.

 

Las democracias más avanzadas del mundo cuentan con este sistema, es tiempo de olvidarnos de nuestros fantasmas revolucionarios y darnos un voto de confianza como una sociedad racional. Levantar las instituciones de los fangos de la sospecha debe ser una lucha ciudadana constante. Los agoreros del desastre pueden llevarse una sorpresa ante la madurez de nuestro pueblo.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

 

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