La iniciativa de equidad de género para puestos de elección popular, específicamente la que tiene que ver con alcaldías, se ha convertido en un concierto de fuegos artificiales, cuetes, estruendos sordos y ecos de activistas; se pretende convertir la democracia en un tema de fórmulas matemáticas. Mucho ruido, cuando lo que se necesita es algo de silencio para meditar con calma los que significa representar a la sociedad.

 

Dos de los principios básicos de la democracia, tan antiguos como ella misma, tienen que ver con estos derechos inalienables de parte del ciudadano:

 

Primero.- Todo ciudadano, en pleno ejercicio de sus derechos y obligaciones, tiene el derecho de ser votado por sus iguales para representarlos en cualquiera de los puestos que sean habilitados por el Estado, ya sea en los cuerpos colegiados o como depositario único de la Soberanía en puestos ejecutivos - los ayuntamientos en este caso -.

 

Segundo.- El ciudadano tiene el derecho de elegir a quien crea que es el más capacitado para desempeñar el cargo a elegir en ese momento – sea hombre, mujer, quimera, extraterrestre, lagrimita o Sabrina – la libertad de elección es la piedra angular de este sistema de gobierno que decidimos adoptar, llamado democracia.

 

En Sinaloa, el congreso pretende obligar a sus ciudadanos a renunciar a estos derechos primigenios. En aras de cumplir con la corrección política y de otorgar a los activistas un triunfo, están dispuestos a llevar a la piedra de los sacrificios el sentido común y la libre determinación del ciudadano. Sería un gusto tener 18 alcaldesas en los municipios que conforman el estado, sin embargo, estas deberían ser electas, no impuestas por cuotas ramplonas, carentes de libertad de conciencia del voto popular.

 

Por otro lado, los partidos políticos en medio de sus pragmatismos y rentabilidades electorales, van a convertir a municipios pequeños en ínsulas sempiternas de la cuota de género; algunas demarcaciones pueden llegar a ser reservas territoriales exclusivas para mujeres; más todavía, serían caldos de cultivo perfectos para el nepotismo familiar; la democracia hereditaria viviría bajo la cobija de la equidad. Las cuotas han demostrados que benefician a un grupo determinado de personajes del Poder. Una iniciativa de este tipo es regresiva en la búsqueda de espacios, las líderes actuales tendrían el monopolio de los espacios.

 

Es tentador y peligroso a la vez pensar que los equilibrios son equidad. Las mujeres merecen sus espacios, pero estos no deben ser ficticios, deben ser reales, sustentados y viables, no únicamente por ser mujeres, sino por ser capaces. Un argumento recurrente ante estas situaciones es el de pensar que un político no quiere soltar el poder ante las mujeres; esto no es así, un político no deja ir el poder ante nadie, sea cuál sea su género, color o edad. La equidad debe estar en la formación, en la igualdad de condiciones, no en pedazos de pastel obligados por leyes, que más que de equidad, parecen de segregación.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

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