Ciudadanos enfermos de violencia, vampiros reprimidos que disfrutan las sangre como forma de arte y entretenimiento .Vecinos indolentes ante las excentricidades de otros, la fiesta eterna que promete el vicio y sus ganancias hace más llevadera la patología de una ciudad que distorsiona la realidad en sombras y oscuridad. Las balas vuelan como rutina macabra, no hay día que las explosiones de rifles y pistolas no convivan con los sonidos de la naturaleza; la indiferencia ante la desgracia se pierde en medio de calles y edificios.

 

La belleza no es lujo accesorio, es una obligación para las mujeres de esta ciudad. Joyas, autos y ropa definen el éxito o la miseria, para un género que decidió ignorar los avances sociales y dejó la igualdad como afiche decorativo. Armas en sus bolsas de diseñador y ambiciones desbordadas completan el cuadro de las bellas mariposas iridiscentes, mensajeras de muerte e historias de venganza. Algunas solo buscan redención, pero la mayoría terminan como apéndices de los excesos del criminal de su preferencia.

 

Policías envueltos en el manto corruptor salen a las calles a legitimar el crimen. Una mirada perdida por aquí, un soborno por allá, redadas que sirven como escarmiento a quien no paga su derecho por la impunidad. La corrupción y sus guardianes son los dueños de la ciudad, los buenos policías son exterminados, ignorados o desaparecidos, no hay lugar para la bondad. Aquí el héroe es el más malo, el peor criminal es el modelo a seguir; quien lucha contra el crimen es humillado y execrado, la delincuencia tiene a sus dioses olímpicos y los mortales les rinden tributo. El robo, las drogas, la extorsión, el juego, la prostitución y el secuestro son los reyes de la actividad económica; las ganancias de todo lo prohibido bañan toda la pirámide social.

 

Los políticos corrompidos y sus hijos malcriados son los dueños de la metrópoli, el Poder es la única moneda de cambio que entiende la clase gobernante. La prepotencia no es la excepción, es la regla en la ciudad enferma. Los cachorros de la maldad afilan sus garras en los sillones de antros, bares y burdeles. Nadie se escapa a la ambición de los herederos del gobierno; negocios expropiados, mujeres sometidas o inversiones fraudulentas son oficializados por el gobierno y sellados por las firmas de funcionarios podridos e indolentes. Las iglesias juegan su parte; ministros y sacerdotes abren sus arcas para recibir parte del beneficio, la plata suena y las almas se olvidan, todo se perdona, el pecado es lavado.

 

La ciudad se colapsa, está enferma, muere poco a poco, Sus habitantes se someten y viven en la penumbra. Todo lo anterior es producto de Frank Miller, quien con singular maestría en la serie de novelas gráficas Sin City, La ciudad del pecado nos cuenta historias urbanas de crimen, corrupción y odio. Es una buena experiencia leer esta obra, en viñetas de blanco y negro la apología de la maldad hace su aparición, solo el rojo de la sangre es incluido ocasionalmente como color complementario…Afortunadamente las narraciones de estos libros son ficciones y ninguna ciudad o sus habitantes tiene que cargar con estas dantescas escenas.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

 

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