El pasado viernes 17 de abril recordamos al maestro García Márquez por el aniversario de su fallecimiento. En lo personal, mis primeros escarceos con la lectura formal -como el de muchos otros amantes de los libros- tuvieron lugar en medio de las páginas  del gran “Gabo”, gracias a él me introduje un poco más en la literatura y pude conocer grandes autores como Faulkner y Borges, entre otros. Su obra, basada en su mayoría en el realismo mágico, sigue siendo referente para explicar la realidad alternativa de nuestra cultura latinoamericana.

 

La democracia en los tiempos del INE: historia de amor entre dos entidades de orígenes disímbolos, pero con un apasionado pasado en su juventud, donde al paso del tiempo cada uno siguió su camino con querencias diferentes. Por un lado tenemos una institución de alcurnia, de buena cuna, aristócrata y con un elevado sentido de la ortodoxia política; del otro extremo tenemos al electorado ladino que no se deja seducir, de métodos poco tradicionales, forjado en la idiosincrasia del pueblo sencillo y alejado completamente de las formas petimetres del INE. Los años pasan y estos dos seres huyen del amor entre sí; eventualmente los dos en la edad madura encontrarán la vida conjunta que ambos se han negado, recordando las promesas de amor eterno que años atrás se habían jurado.

           

Memoria de mis votos tristes: también la moral es una cosa de tiempo, decía Rosa Cabarcas. Para algunos partidos, estar cerca de cumplir 90 años es motivo de regalarse nuevos amores, de esos que puedes comprar con despensas. Renovados por fuera pero con alma de viejos, buscar las infusiones de juventud que traen los votos, se vuelve prioridad en alguien que se resiste a olvidar los días de grandeza y excesos. El vigor de antaño se apaga, sin embargo, la emoción del acarreo perdura; enfrentar la decrepitud democrática es un trago amargo que las revoluciones deben enfrentar por más institucionales que estas sean. Todo esto mientras los gobernados, durante años,  sufren la suerte de Damiana a manos de la arcaica organización.

           

100 spots de soledad: las democracias condenadas a 100 spots en una hora no tendrán una segunda oportunidad en las boletas. Triste historia de una familia, condenada a repetir una y otra vez los comerciales sin sentido de las campañas electorales. Mientras el patriarca de la familia termina sus días encadenado a un árbol,  producto de la locura de la publicidad de un tucán verdoso, al más pequeño le crece una prominente cola turquesa y es devorado por la censura invasiva del INE. Algunos otros miembros de la parentela suben al cielo, inmaculados por las palabras de Héctor Suárez y los restantes se emparedan en sus casas para esperar la gloriosa venida de su moreno mesías tropical.

           

Los años de creativas iniciativas y luminosas mentes legislativas nos han regalado un vibrante Macondo electoral, bizarro en su funcionamiento y lleno de entresijos para el entendimiento exclusivo de iniciados. Por desgracia, la compañía bananera no abandona el pueblo aún, dejando tras de sí hojarascas en el ánimo de la sociedad y sin ojos a uno que otro perro azul, convirtiendo al ciudadano en víctima de algo más que 12 cuentos peregrinos.

 

EL MEMENTO DE HOY: 

 


 

Twitter: @juanordorica

COMENTA LA NOTA