En 1995, Jeremy Rifkin publicó su afamado ensayo “El fin del trabajo”. Un escrito sobre el determinismo tecnológico, donde con un atribulado pesimismo, marca el final de los días para el sistema laboral que hoy conocemos; inmersos en el contexto histórico de la tercera revolución industrial, donde la informática y la robótica serán los verdugos de los obreros calificados y mandos intermedios del sector secundario. La marea del desempleo generado por las industrias no podrá ser contenida por el sector terciario, al no tener la capacidad de generar las estaciones de trabajos suficientes para contener el Armagedón laboral. Sin duda el escenario que Rifkin nos planea nos es muy halagador, más aún, si sumamos que profesiones históricamente estables también sufrirán los embates de la innovación tecnológica (Médicos, maestros y fuerzas del orden.)

 

Sinaloa tradicionalmente es un estado cuyo motor económico prioritario es el sector primario (agricultura, pesca, ganadería), transfiriendo la generación del empleo al sector terciario (comercio y servicios). En las señales de los nuevos tiempos, bajo el análisis del ensayo en cuestión, nuestra región necesita apremiantemente visualizar nuevos caminos para la generación de empleo; actualmente Sinaloa ocupa el último lugar nacional en cuanto a nivel salarial registrado ante el seguro social. La agricultura, en el mediano plazo, no solo seguirá generando empleos de ingresos bajos, sino que a medida que avance la tecnificación del campo, los empleos generados serán cada día menos. El mismo escenario se esperaría para la pesca y ganadería, la tecnología poco a poco desplazaría pescadores y empleados ganaderos, los costos bajos y los altos niveles de productividad alcanzados por la automatización, es algo que no se puede ignorar.

 

El cuadro para las generaciones que vienen parece desalentador, sin embargo, estamos a tiempo de tomar las decisiones adecuadas e implementar políticas públicas para formar destinos menos lúgubres para nuestra juventud. Las plazas de trabajo del futuro estarán concentradas en conocimientos prácticos con herramientas útiles para la resolución de problemas. Según Rafkin en el mercado laboral del futuro, los puestos directivos altos y obreros de bajo nivel serán las únicas posiciones sobrevivientes de la tercera revolución industrial; bajo esa premisa, los ejércitos de administradores, contadores y demás carreras administrativas que hoy saturan la oferta de trabajos se convertirán en fábricas de desempleo y recurso humano sin habilidades prácticas para el mundo productivo del mañana. Sencillamente los avances informáticos tienden a sustituir los procesos administrativos en empresas y gobiernos.

 

El talento sinaloense debe comenzar a desarrollarse en áreas de conocimientos aplicados; aprovechando nuestras ventajas, incluso podemos explorar vocaciones alternativas donde tenemos talentos innatos, como la llamada economía del ocio: aquí las áreas del deporte y el entretenimiento fungen como grandes generadoras de riqueza. Con disciplina y algo de sentido común se puede cambiar la forma de enfrentar el futuro. Más ingenieros que hagan máquinas y menos conocimientos dispersos de liderazgo administrativo pueden ser la diferencia entre una generación sin esperanzas o una generación que construya su propio destino.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

 

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