Ricardo III, rey de Inglaterra, fue el último rey de la casa de York y de la dinastía Plantegenet. Perdió su trono al morir en los campos de batalla, en una campaña militar, contra quien a la postre fuera coronado como Enrique VII, dando paso a la dinastía de los Tudor. Ricardo Hernández dista mucho de la gallardía de Ricardo III, pero se asemeja bastante en las tenebrosas formas de entender el gobierno y las formas de ejercer el Poder.

 

Los dos Ricardos nacieron de padres pertenecientes a clases gobernantes. Ricardo Hernández Guerrero, durante su campaña como diputado federal como diputado del distrito V, ha dicho en repetidas ocasiones que él fue parido en este negocio de la política; y efectivamente, él desde la niñez jamás ha sido separado de la ubre del presupuesto público; nació, creció, se alimentó, ha vivido y es hijo del sistema. Su visión del mundo, desde la cuna hasta su vida profesional, es el de consagrarse como heredero perfecto de un nepotismo ramplón. Sus discursos de campaña están llenos de razón, él vino al mundo a perpetuar los intereses de una dinastía.

 

Ricardo Hernández Guerrero repite una y otra vez que es el candidato con más experiencia en el servicio público, una vez más tiene razón. Nadie de sus adversarios puede ostentar esa cantidad de años en cargos públicos, sin embargo, sus años de experiencia palidecen ante una carrera baladí, llena de frivolidades y anécdotas, que muestran un perfil fatuo alejado de toda realidad con quien pretende gobernar. Promete a los jóvenes más oportunidades, cuando él, al interior de su partido, es uno de los principales obstáculos al crecimiento del talento; representa, encabeza y abandera el movimiento juniorcrático priista, dejando fuera a jóvenes preparados y con capacidades superiores, pero que carecen de padres con Poder y dinastías hereditarias.

 

La democracia tampoco es una palabra con presencia permanente en el glosario de Hernández Guerrero; cual meretriz de ocasión, utiliza a la democracia únicamente como dama de compañía y nunca como un compromiso espiritual. Se dice que representa la cuota de los jóvenes -a los 34 años-, pero su candidatura bajó de las alturas de los entramados intereses del Penthouse priista, dejando por fuera a cuadros con mayor presencia en la entidad, incluso Ricardo ocupaba el sótano en la mayoría de las encuestas de su partido. Todos sus puestos le han sido otorgados por obra y gracia de la “Unidad”, vive bajo los cánones de la aristocracia: todos los deben trabajar para la nobleza, el capital político es prestado en el mejor de los casos o heredado en la mayoría de las ocasiones.

 

Ricardo III -el de Inglaterra- se valió de muchas triquiñuelas para apoderarse del trono, engaños, traiciones, alianzas y otras cosas innombrables, pero al final del día perdió su reino en aras de buscar una legitimidad que su pueblo le había retirado. Ricardo -el del V distrito- tiene su propia campaña por legitimidad; armado de despensas y ejércitos mercenarios busca encontrar su propio reino. Así como Shakespeare describe las últimas horas de Ricardo III; esperemos que Ricardo -el del - , en medio de traiciones y contemplando la desolación del campo de batalla ante la posibilidad del final de su dinastía, no termine implorando lastimosamente por un caballo a cambio de su reinado.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

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