La zozobra se apoderó de la calle aquella, la última de cierto fraccionamiento.

 

La llegada a ese sitio para sus primeros habitantes fue  propiciar un descanso a la vista, mirar desde esta los cerros y la puesta de las tardes, porque no había caserío enfrente que obstruyera la vista. Por eso se podía observar largamente y dedicar la espera, por horas y horas, para deleitarse en atardeceres o anocheceres.

 

Poco a poco, la vista la fueron obstaculizando más construcciones, una en especial fue descomunal, lo bueno es que un pequeño espacio de tierra permitía a los vecinos sembrar plantas y árboles a su gusto, y aprovechar la tierra que había sido dedicada  al cultivo con anterioridad.

 

Pero también la ausencia de vecinos de la otra acera hacía que otras cosas sucedieran. Ya había sucedido un primer robo a mano armada en la cuadra, con un vecino, y ahora tocó el turno a una vecina que, tranquila, acudía al mercado un sábado cualquiera a comprar ciertos ingredientes para la comida.

 

Lo primero que hizo fue levantar las manos y no supo ni siquiera donde buscar las llaves, el chico que la tomaba por sorpresa lo hizo por su cuenta. No pudo ni mirarle la cara. Se bloqueó mentalmente, sin saber qué hacer. Se detuvo por minutos sin poder pensar, sólo viendo como el chamaco se llevaba el auto a toda velocidad. En el vecindario los habitantes de los lados no se dieron cuenta de que ese zumbido tan escandaloso no era ella, sino otro. No vieron nada.

 

Lo que alcanzaron a escuchar fue: “Hija, ábreme, me asaltaron”. Desde ese día todo cambió. Ya no se podía salir a la calle sin sentirse amenazado, o amenazada; los vecinos volteaban hacia todos lados, incluso en forma circular, los perros ladraban con insistencia ante cualquier actitud extraña, pero casualmente ponían más atención en las señoras con hijos y carreolas, o los jóvenes que se trasladaban en bicicletas que en otras minucias. ¿Qué hacer?

 

Otros colonos salían a contar sus historias. La ocasión en que sus hijos fueron asaltados para robarles sus celulares. El día en que otra hubo de corretear a los delincuentes sin el éxito que hubiera deseado. Luego otra más de la siguiente colonia expondría como su esposo fue secuestrado en forma exprés y le quitaron su carro. También el oxxo fue robado recientemente, exponía una joven.  El caos de la violencia y el miedo llegó hasta ese final de una calle sola, poblada de árboles.

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