#Andrea. La poesía es matemáticas, o no lo es.

 

Sólo la precisión, el arte de lo exacto, incrusta las palabras en el blanco. En la conciencia o tal vez en lo más profundo del inconsciente, pero seguro, en el alma.

 

Anoche, minutos antes de las 22:00 horas, Andrea Miranda, una de las mujeres más discretas que he conocido (también, una de las más inteligentes y asombrosas), subió a su muro de Facebook un fragmento del poema "Hospital Británico".                                  

 

Se trata de un poema tan enigmático como la vida de su autor, el argentino Héctor Viel Temperley. Descifrarlo ha sido tarea de muchos años para los estudiosos, en un mundo que se empeña en entender, antes que en sentir. 

 

Las claves del poema tocaron a quien esto escribe al momento de leer la parte elegida por Andrea: el inicio de esta obra maestra de la poesía del siglo 20.

 

Unas cinco horas antes de la publicación, había fallecido en un hospital la señora Cristina Ramos Ramirez, madre de Andrea Miranda.

 

Permítanos el amable lector el uso de la primera persona para explicar lo siguiente:

 

Escribo estas líneas, aquí en mi espacio, desde el duelo con el que acompaño a Andrea en este momento de prueba. Es mi abrazo por escrito; en unos instantes espero darle ese otro con el que solemos encontrarnos: un abrazo largo, intenso, que hace fluir el cariño mutuo.

 

La generosidad de alma de Andrea siempre me brinda sorpresas, y justo hoy recibí una llamada de un amigo que me explicó, en parte, de dónde viene esa cualidad que es cada vez más rara de encontrar en la especie humana.

 

Se trata de un connotado jurista que fue vecino de "doña Titi", como llamaban con afecto a la señora Cristina. Ella, nos narra nuestro amigo, acostumbraba regalar monedas a los niños bien portados como él, que hacía mandados, vendía dulces y rentaba revistas que colgaba en un mecate.

 

La familia Miranda Ramos, además, era la que tenía televisión en la colonia, y les permitían a los vecinos entrar a su sala a conocer aquel invento que recién llegaba a Culiacán.

 

Lamento que las personas buenas se vayan de este mundo. Me punza el corazón saber que Andrea vive hoy ese dolor que yo no quisiera conocer nunca. 

 

Doña Cristina está hoy en un lugar mejor, es cierto, al lado de Dios nuestro señor, pero tal vez ni siquiera eso sea un consuelo todavía. Hace falta tiempo, y mientras tanto releemos el principio del poema tal y como anoche lo compartió Andrea: 

 

Hospital Británico.                                      

 

Mes de marzo de 1986

 

Pabellón Rosetto, larga esquina de verano, armadura de mariposas: Mi madre

vino al cielo a visitarme.

 

Tengo la cabeza vendada. Permanezco en el pecho de la Luz horas y horas.

Soy feliz. Me han sacado del mundo.

 

Mi madre es la risa, la libertad, el verano.

 

A veinte cuadras de aquí yace muriéndose.

 

Aquí besa mi paz, ve a su hijo cambiado, se prepara –en Tu llanto- para

comenzar todo de nuevo.

 

Héctor Viel Temperley

 
 

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