#DiosGuardeLaHora. Faltaban 10 minutos para las 11 de la noche cuando estalló la pirotecnia que rubricaba el gran final de la Serie del Caribe.

 

Efecto colateral: la sicosis alcanzó su punto crítico. 

 

La violencia en Culiacán y sus alrededores había estallado muchas horas, varios días antes.  

 

Entre aquellos que no nos encontrábamos en el estadio anoche, resultó lógico confundir el tronar de cuetes con el de las ráfagas de metralla que se reportaban en diversos puntos del municipio capital, luego de la balacera que por la tarde cobró vidas inocentes en Villa Juárez, Navolato. Un video de esa confrontación se viralizó en las redes sociales, para nutrir el pánico.

 

Al momento de encender los juegos pirotécnicos, sin embargo, las fuerzas armadas parecían tener bajo control la situación, en un operativo tan intenso como visible por tierra y aire. Los convoyes de presuntos malhechores armados que estuvieron circulando por la ciudad dejaron de hacerlo, cesaron las balaceras al menos hasta la medianoche en que escribimos este texto, pero el miedo seguía.

 

La presencia del gobernador Quirino Ordaz en el estadio la percibimos, en lo personal, como un mensaje de que la autoridad había recuperado el control. 

 

Llegó el mandatario ya avanzado el juego, sonriente, mientras la Sepyc emitía un comunicado oficial: sí hay clases en todo el estado el día de hoy, de manera normal.

 

La agenda del gobernador para este día marca que "sostendrá sólo actividades privadas". Es de suponer que dedicará la jornada completa al tema de seguridad. 

 

Son de suponerse infinidad de cosas. Por lo demás, sobra quien saque provecho de la desgracia por medio de reproches y también de rumores, en aras de exagerar la de por sí difícil circunstancia por la que atravesamos, como cada inicio de gobierno en que la delincuencia organizada "marca territorio" con matanzas y levantones.

 

Al igual que la gran mayoría de los culiacanenses, nos vamos a dormir con la semilla del miedo ya implantada en la conciencia. 

 

Nos aterroriza lo ocurrido en los días recientes, pero más todavía lo siguiente:

 

El notorio deseo, en algunos, de que los festejos por la Serie del Caribe terminaran mal. Como si el fracaso del gobierno sirviera de algo. Como si un beneficio pudiéramos sacar de la derrota de la autoridad frente al crimen.

 

He allí el germen del estado de cosas que Sinaloa padece en lo profundo: el ansia por el desastre, el gusto por la guerra y no por la paz, de lo negativo sobre lo positivo.

 

Por si les sirve, recuerden esto: México perdió el campeonato en el partido de anoche. Confórmense, por favor, con ese fracaso. Porque en lo otro, van de por medio vidas. Nuestras vidas.

 

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