#DirectoYsinEscalas. Si las elecciones presidenciales fueran hoy, como dicen los encuestólogos, el triunfo sería para el PAN. Pero si fueran en 2018 (como lo serán) también. 

 

En ello coinciden los más puntuales analistas: les será muy complicado al PRI y a Enrique Peña Nieto remontar el fracaso estrepitoso que acaban de sufrir en las urnas hace tres meses, rodeado de un desgaste político y social que tiende a empeorar con el paso de los días.

 

En Sinaloa el 5 de junio ganó el tricolor, y bien. Eso es cierto. 

 

Tan cierto como el hecho de que en la escena nacional nuestro estado "no pinta" por su escasa población de electores. 

 

A los partidos políticos, en una elección presidencial, les importan básicamente cinco entidades que son aquellas con mayor número de votantes: 

 

Veracruz, que acaba de perder el PRI; Puebla, que también acaba de perder; la Ciudad de México donde la izquierda es inamovible; el Estado de México donde los comicios serán el año próximo y, desde ahora, la casi segura candidata del PAN Josefina Vázquez Mota encabeza todas las encuestas; y por último, Jalisco, donde el PRI no tiene de su lado ni al gobernador, Aristóteles Sandoval, quizá el más castigado por el peñanietismo desde que tempranamente hizo patente su ambición de convertirse en el relevo presidencial.

 

 

 

#NoHaySayo. El problema es que a Peña se le han acabado las opciones para sucederlo. 

 

"El niño de oro", que era su pieza final, se le acaba de caer, y nos referimos al secretario de Educación Aurelio Nuño: fue enterrado en el cementerio político por el conflicto con los maestros, mismo que también ha "herido de muerte" al secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong junto con la crisis de seguridad que no ha logrado ni siquiera amainar en todos estos años.

 

La tercera carta quedó fuera desde fines de 2014: el secretario de Hacienda Luis Videgaray, manchado en el tema de corrupción por los días de su vida, a raíz de que su mansión en Malinalco quedara enmarcada dentro del escándalo de la "casa blanca" de la primera dama Angélica Rivera. Ni Peña ni Videgaray lograrán superar ese episodio y lo acaba de corroborar el rechazo de la población al "perdón" que pidió el Presidente, curiosamente seguido de un nuevo escándalo inmobiliario de su esposa en Miami.

 

Se habla de una cuarta opción como candidato de Peña: su secretario de Desarrollo Social José Antonio Meade, que tiene una imagen limpia pero adolece de un defecto para el caso: no forma parte del Grupo Atlacomulco. Vaya, ni siquiera es militante del PRI. 

 

 

 

#PactosMayores. Los teóricos de la conspiración dicen incluso que la Presidencia 2018-2024 "ya fue entregada" por Peña Nieto, merced a acuerdos con los grandes capitales del mundo a los que ya no les conviene un PRI tan debilitado, sino que optarían por una nueva transición con el PAN. 

 

De que otro modo se entiende que, inmediatamente después de tomar una. Deuda tan impopular como el incremento a las tarifas de luz, manden a presidir el PRI nacional al director de la Comisión Federal de Electricidad? 

 

En esta lógica, todo apunta a que EPN mandará un candidato débil en 2018 que sería Osorio Chong. No pudo con la política interior, ¿le creerán los electores que puede llevar las riendas del país? Si algo ha demostrado la CNTE hasta el día de hoy, es que en este país no hay gobernabilidad.

 

Lo que los dueños del dinero no pueden permitir es la posibilidad de que gane Andrés Manuel López Obrador, cuya fuerza es innegable hoy al frente de Morena y que es puntero en varias encuestas nacionales con miras a la sucesión. 

 

Para detener a AMLO, la clave segura sería una alianza PAN-PRD. 

 

Cosa que a nadie debe espantar: ambos partidos se han unido electoralmente en numerosas ocasiones a diversos niveles y juntos han ganado varias gubernaturas. La de Sinaloa en 2010, y este año las de Durango y Quintana Roo, por ejemplo.

 

Una coalición PAN-PRD por la presidencia de la República sólo sería un paso más en la lucha por el poder donde, como en cualquier guerra, todo se vale.

 

 

 

#ElBueno. Para adivinar quién será el próximo presidente de México, pues, habría que irse olvidando de cualquier priista y poner los ojos en los panistas. Y allí, sólo vemos a uno.

 

De Margarita Zavala olvídese. La señora trabaja mucho y tiene sus méritos, pero ninguno que supere sus dos grandes puntos en contra: 

 

En primer lugar su esposo, el expresidente Felipe Calderón que es uno de los hombres más odiados de México, y en segundo lugar un doloroso capítulo de nuestra historia reciente que la involucra de manera directa: la tragedia de la Guardería ABC en Sonora, donde su prima Matilde Gómez del Campo Tonella estuvo implicada pero recibió la exhoneración de la justicia mexicana junto con el resto de los dueños del lugar, pese a las pruebas de negligencia criminal que pesaban en su contra. La muerte de 49 niños en aquel incendio, ocurrido el 5 de junio de 2009, en pleno sexenio calderonista, permanece impune y es una herida abierta en la memoria colectiva de los mexicanos.

 

Todo lo anterior, más lo que se acumule de aquí a dos años: sus negativos la Irán desgastando hasta hacer de Margarita Zavala Gómez del Campo una candidata impresentable.

 

En este escenario, la única figura del PAN que crece y se fortalece de manera sistemática rumbo a 2018 es el actual presidente del CEN blanquiazul: Ricardo Anaya Cortés.

 

Pero de Anaya, y de los anayistas en Sinaloa, les comentaremos en la columna de mañana. Pendientes, amigas y amigos.

 

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